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El primer contacto del bebé con el agua

El primer contacto del bebé con el agua
By Petit Oh! y Lenoarmi 5 months ago 867 Views No comments

Los tres primeros veranos de un niño son muy diferentes. Es importante que los padres no los confundan y que tengan presente que sus sensaciones son muy distintas en cada edad. Noemí Suriol, directora de Lenoarmi, en su libro "¡Bebés al agua! Jugar, flotar, nadar" nos cuenta los errores que solemos cometer en relación al agua y nos enseña como el agua puede mejorar el vínculo entre padres e hijos.

La idea principal que no debemos olvidar es que el agua es pura comunicación. Las emociones fluyen de tal forma que no nos damos cuenta, pero el niño sí que las percibe. En el momento que pensamos que el niño tiene miedo o nos preguntamos por qué el año pasado se metía en el agua y este no, se transmite en forma de inseguridad e impide que el niño aprenda a disfrutar del agua. Por este motivo es importante saber que nos comunicamos con el cuerpo sin ser conscientes. Por ejemplo, si estamos en tensión cogemos al niño de una forma diferente a cuando estamos relajados. El niño es muy sensible, de este modo lo que transmite el adulto es muy importante para que el niño tenga una relación con el agua de plenitud.

¿Cómo es la relación del bebé con el agua en sus primeros veranos?

El verano es la mejor época para fortalecer el vínculo con el agua y con el adulto, así como para dejar que el niño explore y se emocione. Para moverse con libertad y seguridad, el niño necesita saber lo que no puede hacer y adquirir unos hábitos de conducta para manejar los límites. Es importante que éstos sean pocos, claros y muy concretos.

El primer verano, en el que normalmente el niño todavía es un bebé, sus vivencias en el agua suelen ser sensoriales. En el segundo verano será más prudente que en el anterior porque el nivel de conciencia ha aumentado. Después de unos días de vacaciones irá disminuyendo. En el tercer verano, si el niño no sabe nadar y además ya ha desarrollado el miedo al agua, costará un poco más que entre al agua. Por eso lo principal es educar al bebé en el agua y dentro de la realidad.

¿Qué es la magia o la realidad en el agua?

Cuando hablamos de magia nos referimos a mantener al bebé dentro de una burbuja protectora que es necesaria en su cierta medida, ni sobreproteger ni confiarse. El niño tiene la capacidad de descubrir que el agua es maravillosa, pero que también puede ser aterradora. Todo depende del mundo adulto que le acompañe. La mayoría de veces son los adultos los que generan al niño esas sensaciones. Los niños aprenderán según su naturaleza y sus capacidades. Aprender es un proceso y el niño lo hará cuando pueda, no cuando los padres quieran. Y todo dependerá del ambiente y la interacción con el entorno.

Para proteger a los niños los mantenemos en la fantasía del agua, que no pasa nunca nada, con muchos flotadores, que los sostienen cuando saltan sin permitir la inmersión. El niño crece con la fantasía de que no hay peligro, y eso es un problema porque si en verano se cae no tiene recursos para salir. Hay que buscar el punto de equilibrio entre la dificultad (dejar que haya un poco de inmersión, quizás toserá un poco) y normalizar las consecuencias de estar en el agua desde la relajación y el pensamiento positivo y la conexión con el niño. Esto le dará seguridad y se vinculará con una realidad. Si esto ocurre, desarrollará la prudencia.

¿Cómo hacer que el bebé aprenda?

Lo ideal es educar al bebé en la espera. Para que un bebé pueda aprender con prudencia tiene que saber esperar desde muy pequeño. Un ejemplo es la entrada al agua. No hay que entrar al agua junto al bebé. Lo mejor es que el adulto entre primero y otra persona sujete al bebé por detrás. Tiene que ver que solo puede meterse cuando el adulto lo indique.

Y si el bebé llora, no lo hace por el agua, sino por las sensaciones que recibe del adulto o por causas ajenas al agua, así como el hambre, frío... Dentro de lo posible si se pone nervioso el bebé, primero se tiene que tranquilizar el adulto y luego al bebé dentro del agua.

¿Y cómo evitar los peligros del verano?

"El mejor flotador es la mirada de un adulto". Con esto se responden todas las preguntas relacionadas con el miedo y la inseguridad. No hay que confiar nunca dentro del medio acuático, aun sabiendo nadar muy bien. Cuando estamos a cargo de un bebé, niño o incluso cualquier adulto, debemos estar pendientes y no quitarle la mirada de encima ni un segundo. Una ojeada a unos mensajes del móvil pueden causarnos un buen susto. El tiempo dedicado a vigilar tiene que ser pleno y auténtico.

Con todo esto nos damos cuenta que el agua nos invita a vivir el presente. ¡A disfrutar y feliz verano!